El bono es un instrumento de deuda emitido por gobiernos, entidades supranacionales o empresas, mediante el cual el emisor se compromete a devolver al inversor el capital prestado en una fecha futura determinada (vencimiento) junto con el pago periódico de unos intereses (cupón). A diferencia de las acciones, los bonos no otorgan propiedad ni derechos de voto, sino una relación acreedor-deudor, donde el tenedor del bono recibe flujos de caja fijos o variables a lo largo de la vida del título.
Existen diversas clases de bonos según su emisor y características:
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Bonos gubernamentales (o soberanos), emitidos por estados nacionales o regiones, considerados de bajo riesgo crediticio (por ejemplo, los Bonos del Tesoro).
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Bonos corporativos, emitidos por empresas, que ofrecen generalmente un mayor rendimiento a cambio de un mayor riesgo de impago.
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Bonos municipales, emitidos por administraciones locales.
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Bonos de agencias supranacionales, como los del Banco Mundial o el Banco Europeo de Inversiones.
Además, pueden clasificarse según el tipo de cupón (fijo, variable, indexado a inflación), la divisa de emisión o la amortización (amortizables, perpetuos, con call/put).
La valoración de un bono se basa en el descuento de sus flujos de caja futuros al tipo de interés de mercado vigente. Su precio oscila inversamente al movimiento de los tipos de interés: cuando los tipos suben, el valor de mercado de los bonos existentes baja, y viceversa. Para cuantificar su sensibilidad a cambios en la curva de tipos se utilizan métricas como la duración, que mide la vida promedio ponderada de los flujos, y la convexidad, que ajusta la estimación de variación de precio ante grandes movimientos de tipos.
Invertir en bonos aporta varias ventajas y riesgos. Entre las ventajas, suelen ofrecer flujos periódicos y previsibles, diversificación de cartera y protección ante caídas de mercado de renta variable. Sin embargo, conllevan riesgos como el riesgo de crédito (posible impago), riesgo de reinversión (cupones que se reinvierten a tipos menores), riesgo de tipo de interés y, en emisiones en divisa extranjera, riesgo cambiario. La correcta selección de emisores, vencimientos y tipos de cupón es clave para ajustar la inversión a perfil de riesgo y horizonte temporal del inversor.
