Los derivados financieros son contratos cuyo valor se basa en el comportamiento de uno o varios activos subyacentes (renta variable, tipos de interés, divisas, materias primas, índices, etc.). En lugar de comprar o vender directamente el activo, los participantes negocian derechos y obligaciones ligados a su precio futuro, permitiendo transferir o asumir riesgos sin necesidad de poseer físicamente el subyacente.
Entre los tipos más comunes de derivados se encuentran:
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Forwards y futuros, acuerdos de compra o venta de un activo a un precio prefijado en una fecha futura; los futuros se negocian en mercados organizados y suelen requerir depósitos de garantía (márgenes).
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Opciones, que otorgan al comprador el derecho (pero no la obligación) de comprar (call) o vender (put) el subyacente a un precio de ejercicio determinado antes o en la fecha de vencimiento.
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Swaps, intercambios de flujos de caja ligados a variables financieras, como tipos de interés (interest rate swaps) o tipos de cambio (currency swaps).
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Derivados de crédito, como los credit default swaps (CDS), que transfieren el riesgo de impago de un emisor de deuda.
La valoración de los derivados requiere modelos cuantitativos que estimen el precio “justo” de los futuros flujos de caja. Para los forwards y futuros, se usa el coste de acarreo (precio spot más costes de financiación menos ingresos del subyacente). Las opciones se suelen valuar con fórmulas analíticas como Black–Scholes–Merton (para opciones europeas) o mediante árboles binomiales y simulaciones de Monte Carlo (para estructuras más complejas). En swaps, el precio se ajusta para igualar el valor presente de ambos flujos de caja bajo curvas de tipos de interés, a menudo modeladas con frameworks como LIBOR Market Model o Heath–Jarrow–Morton.
En la práctica, los derivados se emplean principalmente para:
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Cobertura (hedging), protegiendo posiciones frente a movimientos adversos de precios, tipos de interés o divisas.
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Especulación, buscando beneficio por la apuesta en la dirección de los mercados con un coste de entrada inferior al principal (apalancamiento).
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Arbitraje, explotando ineficiencias de precio entre mercados o instrumentos correlacionados.
Sin embargo, conllevan riesgos significativos: riesgo de mercado (volatilidad inesperada), de liquidez (dificultad para cerrar posiciones), de contraparte (posible impago del otro miembro) y de modelo (errores en supuestos de valoración). La regulación (EMIR, Dodd–Frank, MiFID II) impone márgenes, colateral y compensación centralizada para mitigar estos riesgos.
